domingo, 8 de mayo de 2016

Mica Sangiuliano

Entre todas las luces de las muchas luces que tiene la urbe y su gente, entre todas sus bondades y todos sus gestos de amor, emergen o se muestran a veces, en la vida de uno, una luz que resalta o un rayo de bondad que impacta. Cualquiera definiría de ese modo a la querida de Mica Sangiuliano si tuviera la suerte, en su colección de sucesos espontáneos, de saberla cierta inesperadamente, excusa de libros mediante o por alguna trivialidad menor. Y vale el elogio para Mica porque Mica es una persona que en sus ímpetus sinceros y de amor, ama y cobija cuanto puede y como puede a cada perro maltratado o suelto que tiene la suerte, dentro de sus miserias, de cruzarse con su luminosidad sin freno y su bondad irrestricta. Y es tan admirable el tesón y tan constante el combate que Mica sostiene ante las mediocridades humanas contra la pureza de un animal, que a uno prácticamente le dan ganas de adoptar a todos los perros o gatos a los que ella les busca hogar para que su esfuerzo noble encuentre de inmediato ecos sanos. A cuántas almas, sin embargo, habrá ayudado, cuántos ojitos negros han vuelto a brillar -aunque más no fuera por un momento- cuando la veían a ella acercase y se sentían por ella mimar, cuántas patas curadas han vuelto a andar y a lanzarse en corridas de felicidad sin freno, cuánto ladrido pleno, recobrado, cuántos perros han arribado al conocimiento de que vale la pena vivir si uno tiene en su cotidianidad rutinaria alguien así que lo valore tanto. O de que no sólo los humanos tienen ángeles que acuden a su auxilio. Que los humanos, a veces, también los aman. O al menos Mica. Por siempre. - @mic_cat


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