lunes, 1 de mayo de 2017

Agus Casanova

Desde las altas cúspides de lo admirable brota como manantial de belleza arrolladora la entera e impactante belleza de Agus Casanova. Y en las lucidas extensiones de su simple ser –véala usted sonreír en vivo, como si la cortesía no fuese en ella una virtud desarrollada a base de dogmatismos tajantes sino un don natural e intrínseco, véala en sus gracias naturales y comprenda-, que basta toparsela para que incluso se encienda en uno las partículas del idealismo y la comprensión de otra verdad potente: en cualquier diva la jactancia superficial produce hastío pero cuando la portadora de una beldad refulgente lleva su luz sin los descaros de la altanería, la conmoción es completa y alcanza las profundidades sinceras del alma. Agus, con alcances muy absolutos, conmueve al alma con tal pureza. Y en todos esos rasgos plausibles, pues, los espíritus afanosos de una personalidad inspiradora la encuentran y descansan en su búsqueda al tenerla ahí, como modelo y ejemplo, para tomar apuntes y crecer. Y por supuesto: qué aleteadas poéticas y qué versos de magnificencia bailotean en uno cuando Agus Casanova, iluminada como sólo puede iluminarse ella con un sol resolana que lucha por filtrarse entre las nubes otoñales, sale de la radio y enarca, esa, la sonrisa que se constituye su cumbre en un rostro que es de por sí la corporización entera de las plenitudes más sanas. Y camina y se acerca con la hermosa felicidad de los que viven sus alegrías sin la distracción infantil de los complejos, y uno asume la certeza entonces de que, caramba, la explosión y la revelación mental es intensa y toda junta: con qué mujer valiosa uno ha tenido la suerte de venir a cruzarse con, para darle así, insuficiente y menor, este dibujo como muestra de todo aquello. - @agucasanova

agucasanova Que linda sorpresa la de hoy! El dibujo y tus palabras! Gracias @sebaeche8 💙 Sos inmenso !!

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DiCaprio

Usted no necesita un Oscar, señor DiCaprio. Usted, y creo que lo sabe, no necesita de aprobaciones multitudinarias y unánimes. No necesita una medalla, una estatuita, una placa o lo que sea, que le diga que usted es bueno. O que usted, acaso, es mejor que todos otros también buenos. Usted -usted o nadie- no necesita siquiera fans. Usted -usted y todos- necesita disfrutar lo que hace, sentir placer, dicha, satisfacción, orgullo en hacerlo bien. Y no bien siquiera según estándares ajenos, bien según la estructura de bien que usted tiene en su interior como ideal de bien. Y que después lo aplaudan por eso, lo abucheen por eso, lo ignoren o valoren por eso, tanto da lo mismo, o cierto placer aledaño brindará pero no como condecoración deliberadamente buscada, no como motivación para el hacer, cosa previa, autotélica y que se basta por sí misma. Así las cosas, si gana usted el Oscar, la masa tachará ese pendiente, los diarios gritarán ‘al fin’, señoras histéricas proclamarán su nombre como si fuese Aquiles o Ulises, pero a usted, creemos, ¿qué le puede llegar a importar, en qué variaría ese laurel en las dinámicas cotidianas de su pasión y su hacer? O a nosotros mismos, qué salto cuantitativo aportaría a nuestra vida si lo único que queremos de usted es que nos siga regalando y ofreciendo interpretaciones como las que hizo en The Revenant y tantas otras, que nos suscitan, más que nada, sensaciones buenas. Como las que siente usted al actuar, y nosotros al verlo. Y nadie necesita nada más. #LeoDiCaprio #TheRevenant

Una foto publicada por Seba Eche ✎ (@sebaetcheberry) el